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La inteligencia artificial no solo nos permite reconocer imágenes a través de una app móvil o dotar de comportamiento humano creíble a un personaje no jugable dentro de un videojuego. Supone un apasionante campo de investigación que está cambiando las reglas del juego, tanto de los modelos de negocio como de la propia vida de las personas.

En la escuela ISDI lo tienen muy en cuenta y en su diseño curricular la IA aparece como una de las grandes protagonistas. Así lo pone de manifiestoMarcelo Royán, experto de ISDI en este campo:

“El método de enseñanza de ISDI permite que cualquier alumno pueda  asimilar los estudios enfocados a IA que impartimos. En los diferentes cursos en que tratamos el área, primero vemos los conceptos técnicos y de base necesarios, tratando luego la disciplina desde un punto de vista de negocio. Lo hacemos desde un punto de vista práctico y basado en la  experiencia real de las compañías”.

Y prosigue: “En el  caso de la inteligencia artificial, los alumnos aprenden en qué se diferencian los algoritmos de IA de la programación tradicional, qué es el machine learning (ML), cuáles son los campos de aplicación de las técnicas de IA, Natural  Language Processing, visión artificial, modelos predictivos, robótica, en qué consiste el proceso de entrenamiento de un modelo de ML, qué servicios basados en cloud computing pueden utilizar para desarrollar su  modelo de IA, qué cuestiones éticas es imprescindible tener en cuenta al abordar proyectos de IA, etc”.

«El método de enseñanza de ISDI permite que cualquier alumno pueda asimilar los estudios enfocados a IA que impartimos […] Primero vemos los conceptos técnicos y de base necesarios, tratando luego la disciplina desde un punto de vista de negocio»

No hay que pasar por alto este último punto que menciona Royán. Sobre todo porque, además de ponerse al servicio de las empresas, la IA también es una tecnología capaz de reconducir la vida de una persona que, hasta ese momento, poseía capacidades motrices diferentes.

La tecnología al servicio de las personas encuentra en el desarrollo de prótesis uno de sus principales puntales. Y la evolución exponencial que disfruta el campo de la inteligencia artificial es capaz de emular, con cada vez mayor precisión, el funcionamiento del cerebro humano.

Un cerebro que necesita evolucionar hacia un presente digitalizado y que promete, en un futuro, nuevos y excitantes panoramas laborales. Es por ello que la escuela de negocios y dirección digital ISDI quiere formar a profesionales para que afronten el cambio hacia la plena transformación digital y cuenten con las herramientas necesarias, como es el caso del Master Internet Business (MIB).

De Egipto a Ottobock: una evolución de proporciones increíbles

Si vamos hacia atrás en la historia, tendríamos que remontarnos al antiguo Egipto para localizar las primeras prótesis. En concreto, dos dedos de pie artificiales que datan del año 600 antes de Cristo.

Uno de ellos fue construido de forma totalmente artesanal: se usó algo parecido al cartón, unido con lino y una sustancia extraída de animales, que hacía las veces de adhesivo y recubierto con yeso. Consistía en tres piezas unidas, dos de madera y una de cuero, mediante una técnica que, incluso a día de hoy, es difícil de reproducir.

Estos dedos no fueron añadidos a las momias para que quedaran completas dentro del sarcófago, sino que tenían como objetivo final sustituir los miembros naturales para que cumplieran su función original.

En un salto temporal que haría las delicias de Kubrick y su inmortal ‘Una odisea del espacio’, pasamos de Egipto al siglo XXI. Entramos en una habitación y vemos colocadas sobre la mesa las avanzadas prótesis de una compañía alemana llamada Ottobock. De aquel rudimentario sistema de agujeros a uno que es capaz de emular el movimiento de nuestras extremidades de manera natural. Solo materiales creados por el hombre y un desarrollo asombroso de la inteligencia artificial.

Myo Plus: dedícate a visualizarlo

Nos acercamos a la mesa improvisada y vemos de cerca la primera prótesis en Europa con detección de patrones: Myo Plus. Este nuevo sistema aprende de los patrones de movimiento de los músculos del muñón y los interpreta de manera correcta.

Imaginemos, por un momento, a una persona a la que le falta un brazo. Si esta persona quiere coger una botella de agua, su cerebro envía las órdenes de dicha acción, aunque la persona carezca de brazo, ya que aquel reconoce los conceptos de “agarrar” y de “mano”. Este mecanismo mental activa los músculos remanentes en el muñón residual.

Esta activación de los músculos del antebrazo se identifican con un patrón de movimiento asignado al Myo Plus, que aprende a interpretarlos y los reconoce como “agarrar con la mano”. Son ocho electrodos que, gracias a una aplicación dedicada, aprenden multitud de acciones diferentes.

El verdadero reto que presenta este tipo de prótesis es la mínima diferencia que encontramos entre, por ejemplo, los diversos agarres que podemos realizar en el día a día. Si estamos en un supermercado y queremos colocar fruta delicada en la cesta, el agarre ha de ser también suave. Si queremos transportar un carro de la compra, lo haremos de manera firme y segura.

Diferentes prótesis, un mismo sistema de reconocimiento

El paciente puede configurar la detección de patrones Myo Plus a través de su aplicación de móvil o tablet. Y dicha app es el verdadero nexo de unión entre la persona y la máquina: a través de la pantalla, el paciente puede visualizar los patrones de movimiento y adaptarlos a su día a día, verificar en cada momento qué gesto acaba de detectar la prótesis y comprobar si se ajusta a la realidad.

El papel de la IA en el desarrollo empresarial

Y volvemos con Marcelo Royán de ISDI, que detalla hasta dónde llegan los tentáculos de la IA. “La IA se encuentra en todos los ámbitos empresariales, desde la industria hasta los servicios, pasando por la hostelería y, por supuesto, todo el software. Algunos ejemplos serían: predicción de la cadena de suministro, monitorización preventiva de maquinaria, predicción de necesidades de stock, previsión de demanda, automatización del Internet de las Cosas (IoT) —por ejemplo en Smart Cities, domótica o salud personal vía wearables—, el coche autónomo…”.

“En general”, continúa Royán, “la IA es el motor de las aplicaciones digitales que se usan en todos los ámbitos de consumo, del e-commerce a las redes sociales. En ese sentido, la pandemia ha acelerado la digitalización de la sociedad y la adopción del consumo digital y, por tanto, la aplicación de la IA a los mismos es más amplia y también más usada”.

«Es previsible que en cinco años la IA sea capaz de escribir textos complejos, conducir un coche autónomo […], identificar a cualquier persona en espacios públicos y privados o dar vida a robots de interacción básica»

Como hemos visto, el desarrollo de la formación digital es vital para convertir la tecnología en algo más que máquinas al servicio del hombre. Por ello, la formación que ofrece ISDI se revela como esencial en un presente digitalizado y en constante evolución, como aclara Royán.

La IA evoluciona a un ritmo frenético, mayor aún que el de la tecnología en general, y es casi imposible prever su evolución de aquí a cinco años. Sin embargo, es previsible que en cinco años la IA sea capaz de escribir textos complejos, conducir un coche autónomo hasta el nivel necesario para hacerlo una realidad cuando el resto de las tecnologías —conectividad, IoT…— tengan la evolución necesaria, identificar a cualquier persona en espacios públicos y privados o dar vida a robots de interacción básica”. Si no quieres esperar cinco años, poseer un conocimiento como el que se imparte desde ISDI se presenta como una oportunidad.

Fotos | Ottobock